¿Qué es un Dique de Colas?

La mayoría de las críticas hacia la actividad minera se dirigen hacia los diques de colas. Antiguos desastres humanos y ambientales provocados por estos grandes depósitos de residuos crearon un temor generalizado en la población. Lo cierto es que, en los últimos años, el desarrollo de nuevas tecnologías ha posibilitado reducir prácticamente al máximo los peligros de accidentes.

La minería, como toda actividad humana o productiva, genera residuos. Tanto en la etapa de extracción, como en la de procesamiento del mineral, se crean grandes cantidades de deshechos que deben ser tratados y acumulados en un lugar seguro. La buena noticia es que la minería es una de las pocas actividades que cuentan con controles estatales e internacionales estrictos en esta materia.

Los residuos generados en la etapa extractiva son de carácter sólido, es decir que su composición es prácticamente la misma que tenían antes de ser extraídos, pero carecen de interés económico. A estos se los acumula en grandes pilas denominadas depósitos de estériles o escombreras.

Ahora bien, los residuos producidos en la etapa del procesamiento de minerales se conocen como colas, relaves o jales (tailings en inglés). Si éstos son sólidos (en forma de “ripios”) pueden acumularse como escombreras. Pero también pueden ser lodos o una mezcla líquida de materiales finos, que son transportados a presas o depósitos mediante ductos, ya sea por gravedad o con ayuda de bombeo. Y estos  son los famosos “diques de colas”: una presa que, en vez de almacenar agua, acumula esas colas o “barros”.

Hay una diferencia sustancial entre un dique de colas y una presa de agua. Esta última se construye en un tiempo muy corto, donde el líquido se embalsa rápidamente para ser utilizado. Un dique de colas, en cambio, se desarrolla a lo largo de la vida útil de un yacimiento. Se va construyendo paulatinamente, a medida que se almacena el material. Si el proyecto tiene 20 años, el dique se construye entonces durante esos 20 años.

El tamaño del dique también depende de la topografía del lugar. En consecuencia, es necesario desarrollar un proceso continuo de construcción y atender permanentemente a las cuestiones de seguridad, antes, durante y luego de finalizado el proyecto.

Un dato interesante es que las colas, con el desarrollo de nuevas tecnologías y en función de los precios de los metales contenidos o nuevos usos de los minerales, pueden constituirse, a futuro, en un nuevo yacimiento.

 

Los temores comunes

El Ingeniero Miguel Ángel Blesa es Licenciado y Doctor en Química. Pertenece la Universidad de San Martín, a la Unidad de Actividad Química del CONICET y coordina Actividades Ambientales en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Durante la exposición que realizó en 2010 en la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) en el Foro “Minería y Sociedad”, dijo claramente: “la intervención del hombre en la naturaleza ha adquirido dimensiones globales. Los emprendimientos agrícolas, mineros e industriales también han adquirido escalas antes impensadas. Como consecuencia, los accidentes que puedan producirse toman dimensiones grandes”.

El especialista destacó que “las consecuencias ambientales, incluyendo los ‘accidentes’, aparecen en todas las actividades. Sinceramente creo que en este momento en la Argentina, la actividad más complicada desde este punto de vista es la agricultura intensiva de la soja”.

¿A qué se debe entonces la mala fama de la minería? En gran parte, a la extracción subterránea del carbón, desarrollada especialmente en el siglo XIX en la época de la revolución industrial. En esos tiempos se realizaba una extracción masiva para atender a la demanda europea creciente, pero sin ningún tipo de controles y con una tecnología precaria, muy distinta de la que existe actualmente. Y en un marco histórico de esclavitud legal y condiciones laborales más que denigrantes.

En la minería metalífera, los accidentes en diques de colas han ocurrido debido a fenómenos meteorológicos extremos, como el caso del tifón que asoló a la mina de Marinduque en Filipinas en 1993. O también por la negligencia de las autoridades encargadas del control, como ocurrió en la mina de Ok Tedi, en Papúa Nueva Guinea. En este caso el dique nunca se construyó y se dio permiso provisorio de volcado en el río, provocando un desastre ecológico de enormes dimensiones.

En definitiva, la minería metalífera es una actividad practicada a gran escala, como lo es la industria del petróleo, la del carbón o actualmente la de la soja. La demanda es grande y la producción que la satisface también. Pero los problemas ocurren cuando no existe el control correspondiente y se practica de forma insostenible o ilegal, como en muchas minas pequeñas de Colombia o Bolivia que emplean mano de obra esclava y a espaldas de la regulación estatal. Y también en las grandes, cuando la corrupción gubernamental es mayor que la preocupación por el desarrollo y el bienestar de la población.

 

 

 

Para saber más: http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=160480

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